Retrato
Un retrato no es solo una cara bien expuesta: es una persona, una luz y una relación entre quien fotografía y quien posa. La técnica importa, pero lo que distingue un buen retrato es la expresión. En el simulador, la taza hace de modelo: prueba focales, aperturas y horas de luz como lo harías con una persona.
La focal y la distancia
La focal determina a qué distancia te sitúas, y la distancia define las proporciones del rostro. Con un angular muy cerca, la nariz crece y las orejas desaparecen. Entre 85 y 135 mm, a dos o tres metros, las proporciones resultan naturales y el fondo se desenfoca con facilidad: por eso son las focales clásicas del retrato.
El angular, sin embargo, tiene su lugar. Un 35 mm a cierta distancia permite el retrato ambiental, en el que el entorno explica a la persona tanto como su cara: un artesano en su taller, una música en su local de ensayo.
Retrato de rostro, 85 mm. Retrato con contexto, 35 mm.
El mismo modelo con dos planteamientos distintos.
Los ojos y el enfoque
En un retrato, los ojos son el centro de atención. Si están nítidos, la imagen funciona aunque una oreja quede desenfocada; si no lo están, nada lo compensa. Usa un único punto de enfoque o la detección de ojos, y enfoca siempre al ojo más cercano a la cámara.
Busca también el catchlight, el pequeño reflejo de la fuente de luz en las pupilas. Una ventana, el cielo o un reflector bastan para crearlo, y sin él la mirada parece apagada.
La luz que favorece
La luz suave de una ventana o de un día cubierto es la más agradecida. Coloca a la persona a unos 45 grados de la ventana: el lado iluminado da forma y el lado en sombra aporta volumen. Si la sombra es demasiado intensa, rellénala con un reflector al otro lado; una cartulina blanca es suficiente.
Evita el sol de mediodía directo, que obliga a entrecerrar los ojos y marca sombras duras bajo las cejas y la nariz. Si no hay alternativa, busca una sombra abierta (un portal, la sombra de un edificio) o coloca a la persona a contraluz y expón para la cara.
Cómo dirigir a la persona
- Habla durante toda la sesión: las expresiones más naturales aparecen entre pose y pose.
- Da instrucciones concretas y positivas: «gira un poco los hombros hacia la ventana» funciona mejor que «ponte natural».
- Pide que adelante ligeramente la frente y baje un poco la barbilla: define la mandíbula y evita la papada.
- Dale algo que hacer con las manos: sujetar una taza, colocarse la chaqueta, apoyarse en una pared.
- Enséñale alguna foto buena a mitad de sesión. La confianza se nota en la mirada.
El fondo también es el retrato
Antes de disparar, mira detrás de la persona. Una farola que le sale de la cabeza, un cartel de colores chillones o un horizonte que le corta el cuello arruinan la imagen. Desplázate unos pasos, cambia la altura de la cámara, separa a la persona del fondo o abre el diafragma para convertirlo en manchas suaves: cuanta más distancia haya entre ambos, más se desenfocará.
Mira el fondo antes que la cara.
Ahora tú: tres retratos de la misma persona
Con un amigo o alguien de tu familia, en una sesión de unos 30 minutos.
- Haz un retrato de rostro a 85 mm (o con la lente 2× o 3× del móvil) junto a una ventana, con la persona a 45 grados de la luz.
- Haz un retrato ambiental a 35 mm (o con 1×) en un lugar que cuente algo de ella.
- Haz un tercero a contraluz en la hora dorada, exponiendo para la cara.
- Elige tu favorito y pregúntale cuál prefiere ella: no siempre coincidirá.